El entrenamiento sigue los lineamientos profesionales. Los primeros minutos son para la entrada en calor, luego sigue la práctica con una charla técnica y, por último, la elongación y relajación de los músculos. Pero entre una y otra etapa, la DT destina algunos segundos para inculcarles que toda mala situación se puede revertir, que siempre hay alguien dispuesto a ayudar y que con voluntad se puede alcanzar las metas. Es Marisa Reinoso, de 48 años, que les enseña gratis fútbol a chicos humildes para que, principalmente, aprendan a confiar en sí mismos y en los demás. Armó un equipo con chicos de los barrios Sureño y Búbica, de Rawson, con el que ya participaron en un campeonato departamental.


Después de las 18.30 arranca el entrenamiento los martes y jueves de cada semana. No comienza antes porque, luego de que los chicos del Barrio Sureño llegan de la escuela, se trasladan caminando junto con la DT al Barrio Búbica para encontrarse con el resto del equipo. Este traslado responde sólo a una cuestión de táctica. «En el Búbica las calles están en mejor estado que en el Sureño, por eso entrenamos allá. Como no tenemos cancha para entrenar, lo hacemos en plena calle. También aprovechamos la plazoleta del lugar para trabajar la parte física. En ese momento también les doy algunas lecciones sobre la confianza, sobre todo de que se puede tener una mejor vida», dijo Marisa, quien además de haber hecho un curso de Director Técnico, es profesora de Educación Física y árbitra.


La primera lección es mostrarles que en la vida hay «algo más interesante» que el alcohol, las drogas o el estar sentado en una esquina sin hacer nada provechoso. La segunda, es mostrarles que deben confiar en la ayuda de los demás. Para esta enseñanza la DT predica con el ejemplo. Antes de iniciar la clase les reparte las naranjas que fue cosechando por el camino, gracias a los vecinos que donaran esta fruta para colaborar con el equipo. También, las camisetas que consiguió prestadas para usar durante el campeonato de fútbol departamental, el primero al que lograron llegar. «Las camisetas ni siquiera son iguales, aunque son más o menos del mismo color y sirven para que el equipo se identifique. Lo bueno de todo esto es que también les enseñó a los chicos a ayudarse entre ellos. El que tiene zapatillas en mejores condiciones y no le toca jugar de entrada se las presta al compañero que no tiene un calzado adecuado para jugar», dijo la mujer.


El equipo Sureño-Búbica está conformado por 25 niños de entre 12 y 15 años. Todos juegan los partidos competitivos, aunque esto no les garantiza su continuidad en el equipo. Quien no respete las normas incluidas en el decálogo debe abandonar el grupo. Reglas que se basan en cuatro pilares fundamentales: el respeto, la honestidad, la colaboración y el estudio. «Tienen que respetarse a sí mismos, a mí y a los demás. Deben ayudarse entre sí para poder funcionar como grupo y respetar las pertenencias del otro. En el equipo no hay lugar para los amigos de lo ajeno, tampoco para los que no se toman el estudio en serio. Siempre les pido que me presenten las libretas para ver cómo van en la escuela. Al que tiene malas notas le doy un ultimátum para que mejore, si no, debe abandonar el equipo. Hasta ahora ninguno abandonó, a pesar de que todo resulta un sacrificio para ellos», sostuvo.


La DT contó que el domingo pasado tuvieron que tomar dos colectivos para llegar hasta el Barrio Las Garzas donde tenían que jugar. Salieron a las 10 para poder llegar a tiempo al partido pautado a las 15. Recién a las 18 emprendieron el regreso a casa. Durante ese tiempo sólo comieron un sánguche de mortadela, lo único que pudieron comprar luego de hacer una «vaquita».

  • «Enseñarles fútbol a los chicos es sentirme viva, sobre todo luego de superar un cáncer de páncreas que me alejó del arbitraje».
  • «Mi gran recompensa es que mis primeros alumnos me reconozcan en la calle y me cuenten cómo el fútbol y mis consejos mejoraron su vida».
  • «Cualquier chico puede aspirar y lograr cambiar su mala realidad, sólo necesita tener la oportunidad de ver que no es imposible»

Practicont es un emprendimiento entre hermanos radicado en la provincia de San Juan, donde proponen una idea innovadora y creativa para la recolección de residuos, utiliza “Bolsas Contenedores”, como el recurso más práctico, ágil y limpio para todos aquellos que realizan obras o limpieza en sus domicilios.

La problemática ambiental que se está viviendo a nivel mundial fue el impulso inicial de este proyecto, los pequeños actos que podemos hacer dentro de nuestras posibilidades son indispensables para poder revertir esta situación, no basta con una publicación en las redes sociales si no con actos concretos que podemos realizar desde nuestro lugar y así ayudar a dejar un buen lugar para las siguientes generaciones.

Estas nuevas “Bolsas Contenedoras” disponibles en San Juan, están diseñadas y fabricadas para cargar una gran diversidad materiales secos, ofrecen alta resistencia a los impactos, y lo más importante, soportan el peso de la carga de manera similar a los contenedores metálicos tradicionales.

Por sus características, están preparadas para contener residuos pesados y escombros de la construcción, siendo éstos uno de los usos más habituales. Su capacidad de cargas es de hasta 1m3.

¿Cómo funciona el servicio en San Juan?

Las Bolsas Contenedores pueden solicitarse a través de la página web de la Empresa www.practicont.com o por WhatsApp al 264-586 1285. PractiCont hará el envío sin cargo al domicilio. El servicio de envío y retiro es para la Provincia de San Juan, y los Departamentos de Albardón, Capital, Pocito, Rawson, Rivadavia, Santa Lucía y Chimbas.

El usuario puede colocar la Bolsa Contenedora en veredas, patios, interiores (garages o cocheras), terrazas, techos o balcones. En todos los casos se recomienda consultar al personal de la empresa, sobre todo si se coloca en altura, y también para asegurar accesibilidad del camión grúa para su retiro una vez que la Bolsa Contenedora ha sido llenada. También puede enviar fotos del lugar por WhatsApp al 264-586 1285 y solicitar asesoramiento en el momento. En la página web de PractiCont encontrará información y recomendaciones para su colocación y mejor uso.

Un elemento diferenciador de este producto, es que el usuario puede tener la Bolsa Contenedora todo el tiempo que necesite para su llenado, sin pagar costo adicional. Una vez completa, solo tiene que llamar o enviar un mensaje de WhatsApp al 264-586 1285, y PractiCont la retira sin costo alguno.

La Empresa, se encargará de la gestión de los residuos, porque cuenta con los permisos legales requeridos para el traslado y disposición final de los mismos en los lugares habilitados.

Lo que nació como la idea de traer a San Juan un servicio novedoso y habitual en las principales ciudades del mundo, se hizo finalmente realidad. Hoy nuestra Provincia es pionera en este sistema de gestión residuos en Bolsa Contenedoras.

También cuenta con el servicio de envió de áridos en las bolsas contenedoras, una vez ocupado el material en su obra, reutiliza el Practicont como contenedor de escombros y esta son retirados por la empresa. 

Para más información, ingresar a www.Practicont.com comunicarse por TEL o WhatsApp al 264-586 1285

El 1 de septiembre un grupo de seis amigos sanjuaninos decidieron emprender una travesía cruzada por la fe y la amistad. Jorge Ochoa, Oscar Fabián Brizuela, Fernando Sosa, José Carpio, Jorge Vilaplana y Roberto Sosa son gauchos locales y decidieron emprender viaje a Catamarca para hacer bendecir la Virgen del Valle. Tres a caballo y otros tres en un camión de apoyo, comenzaron a transitar las rutas y en el camino, y sin esperarlo, se sumó un séptimo integrante que le dio un valor especial al viaje: «Ojitos».

Se trata de un perro mestizo color blanco que era callejero y se sumó al viaje de los gauchos en Marayes. Allí, y pese a que en varias oportunidades intentaron evitar que él los acompañara, el perro quiso ir con ellos en todo momento. «Íbamos pasando el tercer día por Marayes, habíamos parado en el campo y se acercó un señor que se llama Alberto y nos dio hospedaje. Nos prestó un corral después de comentarle qué hacíamos. Esa noche apareció un perrito que durmió toda la noche abajo del camión. Al otro día seguimos a caballo y varias veces lo retamos para que se vuelva y no había forma de hacerlo volver y decidimos que nos siga. Lo bautizamos con el nombre de Ojitos y nos acompañó en más de 500 kilómetros», relató Jorge «Gringo» Ochoa.

El perro no hizo todo el camino a pata sino que el algunos tramos iba en el camión y en otros a «upa» en el lomo del caballo junto a las piernas del gaucho. Sin embargo, siempre pedía volver a caminar para marcar el camino, oler y seguir al lado de las patas de los caballos caminando.

«Él siempre dormía donde estaban los caballos. No se sintió cansado y cuando pasábamos por las ciudades, iba en el camión por miedo a que lo atropellen», agregó subrayando luego: «Ojitos se ha hecho más famoso que nosotros».

El viaje duró 15 días desde que salieron hasta que llegaron a la catedral. Hubo cuatro días de descanso y siempre trataban de andar de pueblo en pueblo. Hay días que quedaron a la deriva, en el campo, donde comieron y durmieron, apoyados en las provisiones y los equipos que llevaban en el camión.

El domingo llegaron a Catamarca y el lunes visitaron la Catedral donde está la virgen. Luego fueron a la gruta y todo a caballo. En su paso, la gente del lugar los ayudó en todo momento, e incluso le dieron permisos municipales y de tránsito para entrar con los caballos al centro, encabezados por personal policial para garantizar su seguridad.

«El perro entró a la catedral con nosotros. Estuvo ahí y subió a la virgen con nosotros. La gente de ahí nos decía que era un ángel que nos había mandado la virgen para que nos cuide. El sacerdote de allá lo bautizó y estuvo en todo momento con nosotros. Luego subió a la gruta, llegó a la orilla de la virgen y se echó al lado de ella. Era algo muy emocionante. Habían actitudes que realmente nos dejaba con la boca abierta», expresó.

Ochoa destacó que «la leyenda y costumbre de la gente del campo dice que es de muy buena surte viajar con un perro blanco» y casualmente Ojitos es de ese color.

«Todo salió como un viaje para conocer, no pensábamos llegar hasta Catamarca. Era una simple conversación y hasta que se dio así. Mandamos a pedir una virgen a Catamarca y llegó acá por encomienda. Llevamos la virgen todo el camino con nosotros y decidimos que iba a ser bendecida allá», finalizó.

La virgen bendecida será depositada en una gruta en el barrio San Ceferino en Santa Lucía. Para ello harán una grutita justo en la calle Virgen del Valle, en la plazoleta. 

El viaje fue posible con la colaboración de Jorge Vilaplana que aportó el camión mientras que en Catamarca, el «Negro» Sosa y «Pepe» Sosa les brindaron hospedaje para los seis amigos y los corrales para que los animales pudieran descansar.

Este miércoles en la noche, el grupo llegará a San Juan.

Hace 119 años el doctor Estanislao Zeballos, un exponente de la Generación del 80, estableció en el Consejo Nacional de Educación un día especial dedicado a uno de los mejores y más nobles compañeros de la vida humana: el árbol. El 29 de agosto de 1900 Zeballos fijó un día que tiene sobre todo señalar conciencia acerca de cuidar y proteger superficies arboladas y establecer una política para plantar espacies en diferentes espacios.

En San Juan también hay un colectivo denominado «Casa de los Árboles» que surgió hace algunos meses y como objetivo principal, pretende cuidar las diferentes especies de San Juan y plantea nuevas políticas ambientales que favorezcan las grandes áreas de árboles nativos. Sofía Lis, geóloga y ambientalista e integrante de la agrupación recibió en su casa ecológica y mencionó sobre la importancia de la arboleda en la provincia.

La joven, también artista, explicó que es importante para que los árboles cumplan su función ya sea para dar oxígeno, capturar el dióxido de carbono o disminuyendo la isla de calor lo tiene que hacer en red con otros árboles.

«Es importante el arbolado público, pero es una cuestión lineal. San Juan necesita más zonas boscosas y de bosques nativos bosques que le den a la provincia aquellos beneficios que tanto necesitamos», explicó la geóloga que vive junto a cuatro personas más que tienen la misma filosofía de vida.

Sofía Lis nació en Río Negro, vivió varios años en Mendoza, recorrió diferentes partes del mundo y eligió San Juan para vivir junto a su compañero con quien comparte un modo de vida que en la actualidad es un gran ejemplo de ambientalismo. Y mientras recorre la huerta familiar que en apenas tres meses ya mostró sus primeras plantaciones dijo que es importante la unión de las personas para pedir por parques botánicos, huertos urbanos y llamó hacer lo que mundialmente se conoce como guerrillas jardineras, un movimiento pacífico que tiene como lema plantar árboles.

Por eso mismo es que durante la jornada del martes fueron hasta la Facultad de Ciencias Sociales para colocar algunas especies de Guaribay que tenían en su casa. En la casa de estudios además realizaron una limpieza de colillas; esta iniciativa es el puntapié que tiene «la Casa de los ärboles» para seguir recorriendo diferentes partes de San Juan.

Mirá el video:

Para quienes no tienen ascendencia española, representan un lugar para comer la mejor paella de la provincia o tal vez el escenario de las Fallas, esa celebración anual que reúne a los sanjuaninos alrededor de la quema del ninot. Sin embargo, para muchas otras personas que se encontraron en una tierra desconocida, representa un espacio de distensión y sobre todo fraternidad.

Así surgió hace 50 años el Centro Valenciano, como una idea de un grupo de amigos que si bien llevaban varios años viviendo en San Juan, seguían sintiendo la necesidad de conservar esas costumbres tan arraigadas en su sangre.

Estos cuatro hombres fueron quienes comenzaron con la idea de reunir a Valencianos y sus descendientes.

«Todo comenzó con un grupo, unos eran valencianos y otros descendientes de valencianos. Empezaron a pensar qué podían hacer para reunir a la familia, para mantenernos cercanos en la colectividad. Las reuniones comenzaron en la casa de Miguel Reus. Llevaban a sus esposas y a sus familias. El de boca en boca fue creciendo y se sumaron muchos más. Cuando hubo un grupo grande alquilaron un local que había por calle Tucumán cerca del Colegio Nacional. Ahí empezaron a trabajar para conseguir la personería jurídica que finalmente obtuvieron el 27 de agosto de 1969», una de las socias más antiguas Rosita Berenguer.

Este martes se cumplen 50 años desde que se fundó formalmente el Centro, con esta Comisión Directiva a la cabeza.

Como todos los comienzos, al principio costó, pero gracias al esfuerzo de la comisión directiva y sus socios, finalmente consiguió su espacio propio y se fue afianzando en San Juan. «Empezaron a luchar para conseguir su terreno y su sede. Consiguieron el lugar que ocupa actualmente, pero el espacio era más chico, con el tiempo se fue agrandando. Es que tenían muchos jóvenes y se dieron cuenta de que tenían que darles la oportunidad de una pileta y hacer deportes. Así llegó también la academia de danza y el patinaje artístico», agregó la mujer quien integra la Subcomisión de Damas.

La cultura y sobre todo el deporte, siempre fueron los pilares del Centro e incluso se llegó a practicar una disciplina poco conocida. «En una época tuvieron el trinquete, que es un juego de pelota muy valenciano. Está suspendido porque los que jugaban crecieron y ya nadie lo practica. Pero está la cancha, e incluso vinieron desde España y aseguró que fuera de Valencia, es la cancha más grande que hay, la que tiene todas las medidas que se solicitan allá», detalló Rosita. 

Relación con el origen
Gracias al buen funcionamiento del Centro, están en permanente contacto con Valencia e incluso años anteriores han participado de importantes intercambios. «La Fallera electa viaja a la celebración en España a representarnos. Además, participa de varias reuniones a las que asisten falleras de otros lugares, del exterior y del interior. Hacen ofrendas a la Virgen, desfilan, y se conocen», contó Berenguer quien tiene siete nietas y disfruta de hacerles sus trajes típicos.

La comida, fiel representante de la cultura, se vuelve arte en las manos de las mujeres de la Subcomisión de Damas. Ellas se juntan para llevar a cabo una receta tan complicada como deliciosa: pastissets. 

Para conservar pedacitos de la historia, se armó un grupo destinado a la elaboración de un libro. «Hicimos entrevistas a alrededor de 8 o 9 valencianos quienes nos contaron sus vivencias. Ellos nos decían lo triste que fue para ellos el desarraigo y el sufrimiento de vivir en fincas tan grandes que para ellos era un universo, porque estaban muy lejos de zonas urbanas. Muchos no sabían hablar castellano y tuvieron una vida dura. Criaron a sus hijos, se aferraron a esta tierra y no pudieron volver nunca más. Con sus amigos formaron una familia, se decían tíos y tías».

«Antes se viajaba más pero la situación económica no ayuda. También solían mandar pasajes, porque había un intercambio de jóvenes. Hubo un proyecto de «Volver», con el que aquellos nacidos en Valencia y que viven acá se inscribían y entre ellos se sorteaba un viaje. Durante cuatro o cinco años tuvimos profesores que se quedaban dos meses para dictar cursos de valenciano. Esperemos que se componga la situación en el mundo y que todo esto se pueda volver a hacer», sentenció Berenguer con deseo.  

Los vecinos de San Agustín de Valle Fértil que transitan por Rivadavia y Calisto Elizondo notaron que la plaza «Descanso natural» hace hoy más honor a su nombre. 

Las obras de refacción consiguieron que se convierta en una verdadera tentación sentarse aunque sea unos momentos en alguno de sus bancos a charlar con conocidos o simplemente a contemplar el predio y de paso oxigenarse.

Ocho cuadras después, por Rivadavia, al llegar a la plaza departamental, son los niños quienes tienen un soplido de asombro, con los nuevos juegos que se instalaron.

Más juegos. En la plaza departamental, los talleristas hicieron nuevos juegos para que puedan disfrutar de nuevas actividades.

Los responsables que estos dos sectores públicos luzcan las mejoras son los 26 asistentes a los talleres de formación laboral para jóvenes y adultos con discapacidad.

Arboles podados, nuevos canteros -hechos con cubiertas de auto pintadas-, flamantes flores, bancos recién pintados en la plazoleta y distintos juegos en la plaza departamental fueron el resultado del trabajo realizado en los distintos talleres, con los de huerta y artesanía a la cabeza.

Y en realidad lejos de considerarla como una etapa ya concluida, los talleristas continuarán involucrados con el mantenimiento de la plazoleta. Al menos, irán a visitarla una vez por semana, para detectar si es necesaria realizar alguna tarea de mantenimiento. Entre las razones de cuidar especialmente esa plaza es que se encuentra enfrente de un escenario al que asisten diferentes academias de baile.

Aporte. Los conocimientos en el taller de huerta fueron muy importantes para que los talleristas realizaran transplantes en la plazoleta.

Anteayer se cumplieron 17 años de la creación de estos talleres en San Agustín, con la finalidad de contener a personas con discapacidad. En un amplio abanico de los 22 a los 63 años, la mayoría de los talleristas asisten a las clases todos los días. De ellos, hay dos con discapacidad visual, dos con motora e intelectual y los otros 22 con diferentes grados de discapacidad intelectual. Desde el área de Discapacidad del municipio, Nadia Calívar resaltó estas actividades, entre otras que vienen realizando en el marco del mes por la inclusión. «Estas tareas fomentan la inclusión real. Para los talleristas es una demostración de «Sí puedo». Son adultos y este aporte que realizan los realiza como tales», subrayó Calívar, quien agregó que también pueden aportar otro beneficio a «una comunidad un poco retraída en estas iniciativas».

La comunidad está viendo lo que aprenden y pueden hacer los 26 talleristas.
NADIA CALÍVAR

Directora Discapacidad Valle Fértil

Aunque esta semana las dos plazas tuvieron su ceremonia de inauguración, ya está asegurado que esta vez el paso del tiempo no deteriorará las creaciones. Los talleristas asistirán al menos una vez por semana a la plazoleta «Descanso natural» a realizar tareas de mantenimiento. Debido a que está ocupada al pie de un cerro, es previsible por ejemplo que rueden algunas piedras y dañen las plantas que fueron sembradas. «El primer objetivo en los talleres es que alcancen un mayor grado de independencia y que todos confluyan en una tarea en común significa un gran aporte», concluyó Calívar.

Edgardo Mendoza, el reconocido historiador, escritor, profesor y padre de familia, falleció durante la madrugada de este sábado, tras luchar incansablemente contra el cáncer.

El reconocido investigador y profesor la Universidad Nacional de San Juan, que tenía 66 años, pasó sus últimos años peleando contra la enfermedad que no logró impedirle que continuara trabajando en sus escritos y transmitiendo sus conocimientos a quienes lo necesitaran.

Fue docente universitario durante más de 25 años y ocupó diferentes puestos en la Universidad Nacional de San Juan, incluso se desempeñó como decano de la Facultad de Filosofía. Escribió siete libros y en uno de ellos reflejó la epopeya del cruce de los Andes por parte de San Martín, el prócer al que estudio en profundidad.

Fue jefe de asesores del municipio de la Capital y realizó columnas de opinión en radio, televisión y diarios.

Formado en Francia, en la Universidad de París después que la dictadura lo expulsara del país, decidió regresar a San Juan para continuar con sus actividades.

Hoy dejó de existir dejando un legado incalculable en materia cultural.

Sus restos son velados en Salas Velatorias de Cochería San José, en Salta 434 Sur, Capital.

Su nombre no es resultado de una linda conjunción con su apellido. No es un nombre que pasara de generación en generación. Y tampoco está basado en algún personaje de novela o famoso actor o cantante. Su nombre representa el amor, la desesperación y la lucha por sobrevivir de una persona durante la Guerra Mundial. 

Esta joven argentina, de 24 años de edad y profesora de educación primaria, logró reconstruir la historia de su nombre apelando a la memoria de lo que le contó su abuelo Andrés y, como un rompecabezas, necesitó de cartas y otros detalles para saber por qué se llama así.

Su nombre es Marliese Muro Cash y se llama así por pedido de su abuelo, Don Andrés, un hombre que nació en 1907 en el Imperio Austro Húngaro y que le tocó atravesar la dureza de las Guerras Mundiales. «Siempre nos contaba que había vivido en una zona de muchísima violencia y hambre. Imaginate el impacto que había tenido eso en su vida que cuando estaba a punto de morir, ya a los 90 años, estaba desesperado porque creía que iban a bombardear la clínica», relató la joven en Infobae.

Don Andés era hijo único y vivió parte de su infancia al cuidado de su abuela, Justina. Su mamá y papá habían escapado de aquel país para refugiarse en Argentina hasta tanto poder tener los recursos que permitieran traer a este país al resto de la familia. Sin embargo, cuando él tenía apenas 8 años estalló la Primera Guerra Mundial y comenzó el primero de los infiernos. Luego llegaría  la Gran Guerra en 1914 y cambiaría su destino.

«El contexto era terrible, así que Justina buscó la forma de sacarlo de ahí para salvarlo», relató Merliese quien destacó que su abuela Justina lo ayudó a llegar a la frontera y del otro lado, su tía, lo esperó para cruzar a Alemania. «Mi abuelo nos contaba siempre lo que pasó esa noche fría. Justina lo vistió, lo dejó bonito y le dio dos bolsos, uno con ropa y otro con un jamón. Después le dijo que esa noche iban a ir juntos a la frontera. Que cuando ella le diera la orden, lo único que él tenía que hacer era correr, correr, no dejar de correr. Que cuando viera un alambrado trepara y lo saltara y que buscara a alguien que tuviera un cartel con su nombre», detalló.

Cuando llegaron al descampado fronterizo, Justina se agachó, lo abrigó, le dio un beso y le dijo una sola palabra: ‘Corré’. «Esa fue la última vez que la vio», sigue la maestra, en diálogo con Infobae. «El recordaba que había corrido con todas sus fuerzas mientras las sirenas sonaban y los reflectores intentaban iluminarlo». Ese día de 1914 y del otro lado de la frontera, lo esperaba la mujer que lo protegió y lo cuidó: Marliese.

Aquella mujer y su marido, que no habían podido tener hijos, se jugaron el pellejo para rescatarlo. Durante los seis años que siguieron, lo protegieron, le dieron de comer y le permitieron estudiar «pero una de las cosas que él siempre recordaba es que el marido de Marliese era zapatero y le había hecho zapatos nuevos, un privilegio para ese momento. Mi abuelo siempre contaba el amor que esa mujer llamada Marliese le había tenido. El amor que tiene una madre por su hijo».

Tiempo después Andrés llegó a la Argentina gracias a sus padres y acá se casó y formó una familia. En el Imperio Austro Húngaro quedó su abuela Justina y en Alemania, su tía Marliese. En honor a ella la joven argentina recibió su nombre.

Se viene el Día del Niño y con esta fecha una obra de teatro que busca divertir a los más pequeños de la casa. «El caballero enlatado», se llama la propuesta infantil de María Pía Bogni y que conquistará a toda la familia.

La obra subirá a escena este sábado 17 de agosto, en la previa a los festejos infantiles. De la mano del elenco «Estoy afuera teatro», la propuesta se presentará en la sala Z, ubicada en calle Pedro Echague 451 oeste, a las 18 horas con una entrada general de 150 pesos. 

La obra comienza con tres trovadores que llegan para contar la historia de un caballero. Este, en compañía de la tabernera del pueblo, emprenderá un viaje lleno de aventuras, avatares y peripecias para encontrar al mago Ulric y así, poder buscar la solución a sus problemas desde la magia. Una historia que desde el humor y la ternura llega hasta lo más profundo del corazón y nos enseña que no hay soluciones fantásticas para vivir.

La propuesta cuenta con la actuación de María del Carmen Carrizo, Tamara Fernández y Leonardo Jimenez, bajo la dirección y puesta en escena de Marcelo Villanueva Meyer.

La fe los moviliza e impulsados por ésta junto con muchas horas de trabajo, pudieron crecer con un parripollo. Leonardo Gallardo y Alejandra Videla son padres de cinco hijos de 20 a 4 años de edad y en un momento difícil decidieron colocar un pequeño puesto de venta de pollos al paso en calle San Miguel y 5, en Rawson. Adelante del puesto ubicaron una mesa con la figura del Gauchito Gil en el centro y encabezando el trabajo. Hoy es uno de los emprendimientos de su tipo más grande de la zona y su crecimiento está apoyado en la devoción.

«Esto empezó como una salida laboral porque no había trabajo. Decidimos con mi señora iniciar un proyecto de trabajo, junto con mi cuñado, y nos pusimos a trabajar», comenzó relatando Leonardo Gallardo.

Fue en agosto del año pasado y todo el emprendimiento lo empezaron con una caja de pollos a la parrilla. Ahora cada fin de semana preparan de 10 a 15 cajas con pollos, lo que equivale a más de 100 unidades, y el crecimiento no se detiene. «Se trabaja mucho para llegar a vender sábado y domingo, trabajamos toda la semana. Hay fines de semana que se venden más que otros y ahora se agranda la venta poniendo matambres a la pizza y lechon», agrega Alejandra.

Pero todo nació apoyado en el Gauchito Gil. «La devoción a él nació por una promesa que mi hermano hizo con su hijo que estuvo internado en grave estado y el Gauchito la cumplió y lo sacó adelante. Luego nosotros hicimos una promesa por él porque estaba pasando una mala situación», recordó Leonardo con los ojos brillantes y reservando lo que pasó para la intimidad de la familia. 

Hoy, el ahijado de Leonardo tiene 6 años y goza de muy buena salud. Por su parte, su hermano ya hace un año y medio que pudo salir adelante y el Gauchito Gil llegó como obsequio de él. «Cuando pasamos algo mal nos enfocamos en el Gauchito y se cumple lo que le pedimos. Estamos muy agradecidos», indicó.

Junto a Leonardo y Alejandra trabajan Adrián Castro y Maira Salina, vecinos de ellos en Rawson, quienes colaboran en todo momento y si bien no comparten la religión, el respeto, la confianza y la dedicación es lo que los une.